UNAM y el mito Maya del cacao

UNAM y el mito Maya del cacao

Martha Ilia Nájera Coronado, del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de la UNAM. TEXCOCO PHOTO

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Texcoco Mass Media/Ernesto Carranco Solis

31/12/2013

Distrito Federal, México.- (Texcoco Press).- En un intento de acercamiento al pensamiento sagrado de los mayas, Martha Ilia Nájera Coronado, del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de la UNAM, propuso la existencia de un mito en torno al origen del cacao, la semilla de mayor relevancia en el mundo prehispánico, sólo después del maíz.

Con base en el análisis de los relieves del Grupo de la Serie Inicial, ubicado en Chichen Itzá, la universitaria planteó que, como ocurre con el maíz, para el cacao existió una “leyenda” y que parte de su narrativa debió quedar impresa en algunas imágenes de esa zona arqueológica, por ejemplo, algunos frisos de la construcción conocida como la Casa de los Monos.

Y es que, de manera inexplicable, en el área maya no existen datos alrededor de esa semilla que fue tan relevante; incluso en la actualidad los pueblos no conservan alguna tradición o leyenda. “Revisé las etnografías y no hay nada, quizá en otras zonas, entre los popolucas, por ejemplo, exista algo”, precisó la experta.

Según la idea de la académica, posiblemente los mayas creían que un pájaro carpintero encontró el cacao en la panza de un primate, que a su vez había robado y comido la semilla que el dios K’awiil llevó desde el inframundo a la superficie terrestre, como regalo a una antigua humanidad; luego de picarle el vientre, gracias al ave, por fin llegó a los humanos. “Es una interpretación, porque además puede que haya varios mitos”.

Nájera explicó que esta conclusión es resultado de la unión y comparación de una serie de elementos (el cacao, el mono, la Serie Inicial y el maíz, entre otros) que apenas permiten bosquejar la historia sagrada de los antiguos mayas, “aunque la naturaleza fragmentaria de nuestras fuentes sólo permite una reconstrucción hipotética y provisional”.

En el mundo prehispánico, señaló, el cacao fue muy importante a diferentes niveles. Era una bebida sagrada, normalmente para los nobles; se usaba (y se usa) en ceremonias e, incluso, había versiones donde se le agregaba algún tipo de alucinógeno para lograr un estado alterado de la conciencia. También se utilizó como moneda de cambio.

Sin embargo, sólo se cultivaba en ciertas zonas de Mesoamérica, como el Soconusco, desde donde se exportaba a otros sitios. En específico, Chichen Itzá no fue un lugar rico en el producto, sólo se obtenía en las hoyadas de los cenotes, por la humedad. “Los mayas presumen en sus construcciones lo que no tienen; sí existía, pero no en la abundancia que trataban de demostrar”.

En tanto, el Grupo de la Serie Inicial se conforma por construcciones situadas al sur de Chichen Itzá, ubicación relevante si se considera que los mayas creían que esta región cósmica estuvo vinculada con la inframundana. Estuvo habitado durante varios siglos por un grupo poderoso, probablemente comerciantes o cultivadores del cacao, que intentaron dar una visión paradisiaca del lugar, como si se trata de una gran “bodega mítica”.

Para ellos, aclaró la experta, el inframundo no era como en el concepto cristiano, sino un lugar lleno de riquezas, de flores y semillas, el sitio donde estaba lo que los hombres podían necesitar.

En el mito del maíz se dice que hay una gran montaña de los mantenimientos y que un gran pájaro carpintero trata de romperla para extraer los bienes que contiene; en ocasiones puede lograrlo, otras no. Entonces lo ayudan los tlaloques y así se obtiene el preciado grano. En otra versión, son monos los encargados de resguardarla.

El maíz y el cacao se encuentran relacionados. “Tenemos, por ejemplo, imágenes del dios del maíz, de cuyos brazos salen grandes mazorcas de cacao, o una deidad descendente que ofrece el grano”. Por eso no es raro pensar que hay un vínculo de modelos míticos entre ambos.

Por otro lado, el mono estaba muy cercano al cacao porque no sólo era su gran depredador, sino también el gran dispersor de las semillas al defecar, gracias a lo cual había la posibilidad de obtener nuevas plantas. En ese sentido, se trata de una figura ambivalente.

De manera especial, en la Serie Inicial –una zona cerrada al público y el único lugar donde hay tal cantidad de representaciones del cacao– hay referencias al inframundo, la mayoría, imágenes de riqueza vinculada con el cacao, precisó.

La historia sagrada podría iniciarse con los relieves de una deidad celeste, quizá el sol nocturno, ubicado sobre una banda celeste (como se ve en la Casa de los Falos), que en el tiempo de los orígenes se perfila como el dador de todos los alimentos.

El personaje deja caer las mazorcas de cacao en medio de un gran bullicio que rompe el silencio de la creación, alboroto generado por otros individuos con máscaras de ave y que tañen instrumentos musicales al mismo tiempo que danzan para festejar la llegada de tan preciado alimento y propiciar su reproducción. Este cielo nocturno es una expresión simbólica del principio generador, revelado también como el interior de la gran montaña de los mantenimientos.

Éste era un espacio repleto de abundancia, protegido por un personaje que renacía de una gran semilla-bodega, la montaña que se resquebraja (Casa de los Falos superior y Casa de los Caracoles). En este ámbito no podían faltar los grandes árboles de cacao del tiempo de los orígenes, que se erguían cargados con sus mazorcas y a su vez sostenían el cosmos (Casa de los Búhos).

Es de estos árboles que el dios K’awiil (Tapa de Bóveda de la Casa de los Búhos) obtiene grandes riquezas, entre ellas el cacao, procedente de un espacio inframundano.

El mono, que tiene como alimento predilecto al cacao, lo roba de un árbol y lo ingiere; a través de sus desperdicios se dan a conocer las semillas ya fertilizadas. Así, este animal se muestra como un intermediario entre el mundo divino y el humano. Luego, se envió al pájaro carpintero a que le abriera el vientre para obtener el grano, relató la historiadora.

Finalmente, para explicar la inexistencia del mito relativo al origen del cacao, Martha Ilia Nájera sugirió que debió desaparecer junto con la élite y los grupos de poder indígenas. A ello debieron sumarse las controversias que el cacao suscitó en el periodo virreinal, considerado como una bebida afrodisiaca que promovía la pasión venérea.

Con la pulpa se obtenía una bebida que, al fermentarse, embriagaba e intoxicaba. “Durante el siglo XVI las propiedades psicoactivas del chocolate lo convierten en una sustancia misteriosa o incluso relegada a la palabra del diablo”.

Además, las connotaciones simbólicas del simio durante esa época fueron peyorativas: simbolizó las bajas pasiones humanas y los pecados. Todo ello debió contribuir a la pérdida de las historias sagradas de la semilla, finalizó.

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